Sólo cuando el Sol se marcha somos capaces de ver.
Son las 2 de la mañana y "M" se atreve a abrir la ventana. La oscuridad y el frío siguen perennes pero sólo en lo negativo somos capaces de vislumbrar lo positivo (para subir hay que caer, que dijo el poeta).
Cientos de terrazas aparecen a su vista, llenas de recuerdos...objetos, que evocan tiempos pasados, quizá felices; alguna maceta con plantas secas ponen el punto triste y realista de la fugacidad de la vida. Mirando las ventanas cerradas y las persianas bajadas hasta que no hay posibilidad de iluminación alguna, es capaz de sentir las vidas que se alojan al otro lado de ellas. Personas sin nombre, pero con historias. Vivimos tan llenos de luces que no somos capaces de ver en la oscuridad. Nos han enseñado a no mirar para no ver...para no creer. Pasaremos delante de mil personas y jamás nos preocuparemos por el que está a los 20 o 30 metros que separan un lado de calle del otro:
Algún estudiante con estrés pre-examen, una jovencita que llora por su (ya ex) novio o el sueño profundo del panadero de la esquina que se levantará en 3 horas para trabajar en su rutinaria y monótona vida. Sólo algún encuentro casual o alguna imágen insolita (esa viejecita con tembleque que sale todas las tardes a fumar por la ventana) nos sacarán de la indiferencia automática en la que nos han dogmatizado.
Nos han enseñado a creernos algo grande pero a la vez nos indican nuestro limite. Ahora mira al cielo (querría ver las estrellas pero la luz de las malditas farolas y la contaminación se lo impiden) y se siento pequeño, pero a la vez infinito. Si tan siquiera somos capaces de explicar cosas pequeñas, ¿cómo nos pueden limitar?, ¿cómo nos pueden hacer ser grandes?.
A la luz de la oscuridad todo parece distinto, detalles en los que nunca reparas cobran una nueva identidad. Una simple señal de tráfico en el suelo parece una cruz inversa (paradoja, casualidad o causalidad).
Quizá detrás de alguna de esas ventanas unos ojos curiosos le estén observando ahora, pensando "¿Qué coño hará el imbécil ese mirando al cielo desde su puta ventana?", pero la curiosidad no pasará de ahi.
Tranquilos, mañana cuando salga el Sol, volveremos a ser ciegos...ciegos ante la auténtica realidad que se nos escapa; y sordos, sordos ante los gritos del mundo en calma.
Tenemos sobrevalorada la palabra, abandonado el silencio y prohibidos los gritos. ¿Cómo hacerse oír?, ¿Cómo protestar?.
¿Recuerdas cuál fue la última vez que gritaste a pleno pulmón, que soltaste todo lo que llevabas dentro sin miedo a miradas escrutadoras o a que alguien te mandara callar?
Vivimos inmersos en nuestros "grandísimos" problemas, enloquecidos por el rumor de fondo e incapaces de escuchar (que no oír) los gritos que en silencio damos.
Son las 2 y 21 y un pajaro protesta ante esto con su piar, que más da...mañana será silencio otra vez.
"M" apura su cigarrillo, lo lanza al vacío y se sorprende al oirlo chocar contra el asfalto.
Gritar-piensa-lo único que me hace falta es gritar.-Pero se ha quedado mudo, una vez más.
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