Desde que "M" aprendió a encenderse, se había limitado a arder esperando la última calada de su vida. Era curioso que fuera ahora, cuando menos lo esperaba, el momento en que se estaba convirtiendo en cenizas.
Sus últimos meses fueron como un cigarrillo a la inversa, consumiendo su etéreo combustible hasta ver quemarse su cabeza. Los problemas se amontonaban, las respuestas vacías (si es verdad que alguna vez le valieron) ya no le satisfacían. Su escudo (creado a base de fuerzas, dolores y mentiras), otrora inquebrantable, se resquebrajaba ante las primeras dudas que no sabía responder en muchos años.
Había basado su vida en la autosuficiencia, una "suerte" de autarquía vital que le había salvado durante las épocas duras y que ahora, cansado y abatido, no hacía más que acelerar su propia combustión. Hasta una colilla necesita de una bocanada de vez en cuando para mantenerse viva.
Por una vez sintió flaquear su impasible seguridad: como todo buen ególatra había dominado las artes más oscuras del control mental, pero ahora era insuficiente.
Dicen que cuando no encuentras el camino, debes volver al origen, y eso es lo que él decidió hacer, pero ¿cómo encontrar el camino cuando te has dedicado a borrarle paso tras paso?, ¿cómo es posible subir al cielo si lo único que haces es caer? La respuesta, como dijo Dylan, estaba en el viento. La solución, convertirse en humo.
Y así llegamos al momento final (si bien un final no es más que el inicio de otra historia), la ceniza deja paso al humo y este solo sabe elevarse.
"M" descubrió que el mundo de los demás no era diferente a su maltrecha autarquía. Lo cierto es que la apariencia reina el mundo, y sus dotes eran más que suficientes para manejarlo. Solo necesitaba un cambio de careta.
Inició así la nueva tragicomedia, la historia del hombre moderno. La triste epopeya basada en el caos:
Cambió de peinado, de estilo y de vida, compró una nueva marca de tabaco y volvió al punto del que había partido (no todo pueden ser cambios). Eligió esta vez usar una vía más divertida: jugar en vez de esperar, quemar en vez de consumirse, actuar en vez de mirar.
Dicen que quién siembra viento recoge tempestades; pero el sabía que el viento era quién le había devuelto a la vida. Y sabe que desde ahora puede controlar la tristeza:
"A las tristezas no les gusta estar solas y desaparecen si no encuentran a nadie que las piense. No poseen razón de ser por sí mismas. Necesitan que se les preste atención."
Aprendió a sembrar las semillas del caos y ahora se limita a esperar sus frutos. Pero, ¿cuáles son éstos? Eso, señores, pertenece a un ámbito en el que no podemos entrar...porque si hay algo que sacamos en claro de todo esto es que hay cosas que no hay que contar.
Porque donde hay cenizas es que hubo un fuego, y el mundo (aún, hoy, siempre) se muere por volver a arder.

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