El cuchillo aún gotea sangre mientras lo traslado desde su última víctima hacia su desgastada funda.
Es curioso observar como la vida te coloca, de forma incesante, siempre ante el mismo obstáculo. Parece casi un acto irónico, o una macabra broma de aquello que (de forma errónea) algunos denominan destino.
Bueno...Malo, en el fondo: puntos de vista. Y no, no me justifico con ello ,en absoluto. Todos debemos tener una ética, quizá una moral (aunque sea hecha a nuestra imágen y semejanza). Una bonita puesta en escena que nos permita relacionarnos con estos seres ambulantes. Ser capaces de soltar una sonrisa absurda al cruzarte con el vecino, chocar la mano con ese compañero gilipollas que te trae los cafes, regalar un beso o un buen gesto solo para equilibrar la balanza.
Es triste, quizá, simplificar de tal modo la vida. Pero, qué es sino una sucesión de desengaños, provocada generalmente por aquello en lo que nosotros creíamos valorar e incluso confiar. Todos nos sentimos utilizados, incluso humillados. Despreciados, infravalorados... y sin embargo somos todos iguales: unos perfectos hipócritas hartos de todo, sin problema en utilizar cuanto (y quién) esté a nuestro alcance para conseguir nuestros objetivos.
Visto así, no me diferencio tanto de ellos. Si "olvidamos" lo de la ausencia de sentimientos, en el fondo somos iguales. Nos convertimos en perfectos actores de una vida inventada, un papel a medida que nos permite vivir (o "sobrevivir") dando lo minimo de nosotros y aportando lo que los demás esperan para poder mantener este equilibrio de mentiras, traiciones, puñaladas y desesperación.
Pero en el fondo es divertido, ¿por qué sino ibamos a hacerlo?. Es curioso echar la vista atrás y observar el reguero de monstruos que vamos creando, personalidades cambiadas, mutiladas o deformadas por nuestro afán de éxito, manipulación, poder... ¿Qué más da? Son muñecos útiles, cumplen su cometido, y de vez en cuando la vida te da uno nuevo.
Y qué puedes hacer con ellos sino intentar enseñarles y cuando ves que se te van de las manos, cortarlos en pedacitos.
Dicho esto, recojo los últimos restos, limpio los desperfectos y me enciendo un cigarrito... "por lo bien que lo hemos hecho".
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario