sábado, 22 de mayo de 2010

"Introducción a la psicopatía" (Parte I)

Vago por el pequeño bulevar a la hora en que el sol comienza su retirada.
Los días se empiezan a hacer más largos y la elevada temperatura inicia su efecto en los organismos de estos extraños seres que dicen compartir especie conmigo. Sus hormonas se disparan al compás de las visiones de faldas cortas y buen tiempo, surcando con la vista el oleaje de bikinis y vestidos cortos con los que la temporada estival abre su pequeña veda.

Una especie de carnaval trimestral en el que en lugar de disfrazarse de otras personas, estos seres, muestran sus instintos de la forma más humana y a la vez animal posible.
Cómo me gustaría entenderlos, ser capaz de sentir como ellos sienten. Encontrar el motivo por el que necesitan continuamente de la aprobación de alguien, una sumisión genética y heredada en busca del par que les complete, y sin embargo (como en todo lo humano) no hacen sino equivocarse continuamente, provocando más dolor (si cabe) del que pretenden evitar aferrándose a alguien.

Yo, prefiero la soledad.
No es un síntoma de autocomplacencia, es más bien un ritual adquirido por los años de práctica. Demasiadas relaciones, intentos por comprender los sentimientos, todo funciona hasta que esperan más de ti y entonces te das cuenta que no puedes dar más de ti, porque no lo hay. Vendiste o te robaron esa capacidad de sentír y te has visto abocado al teatro diario, actuando para demostrar que eres "normal", para evitar que vean el monstruo que llevas dentro. Y sin embargo, funciona. Pequeñas presas en su inocencia, o búsqueda de respuestas, tropiezan con la poca humanidad que aún te queda. Sin preguntas ni reproches se amoldan a tu ser y se intentan convertir en ese equilibrio, esa parte dañada. Es triste, en el fondo no soy tan original, todo el mundo busca una vida normal...y eso es lo que hace que todo sea insoportable.

Esta horda de oscuros pensamientos inunda la poca coherencia que queda en mi mente al compás de los rítmicos movimientos de una pareja escondidos tras una palmera. Despejo mi cabeza y tras respirar un par de veces reemprendo mi marcha.


Un buen día lo tiene cualquiera...

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